A Puerta Cerrada | Molestia en palacio – El Sol de Puebla

Comencemos esta columna con una pregunta:

¿Podría renunciar Augusta Valentina Díaz de Rivera al Comité Directivo Estatal del PAN para incorporarse al ayuntamiento de Puebla, a partir de una invitación realizada por el presidente municipal, Eduardo Rivera Pérez?

La interrogante encuentra su origen en la inconformidad que tiene el alcalde de la ciudad capital con el desempeño de la dirigente panista, quien ha protagonizado su tropiezo más reciente en la selección del relevo de Eduardo Alcántara Montiel como coordinador de los nueve diputados locales emanados de ese partido político.

Díaz de Rivera tenía una doble encomienda para llevar a cabo en el primer mes del año.

Poner a Carolina Beauregard Martínez como reemplazo de Humberto Aguilar Coronado en la coordinación de los diputados federales y a Oswaldo Jiménez López como sustituto de Alcántara en la representación de los legisladores locales.

Pudo con la primera, pero no con la segunda.

Como ahora se sabe, ocho de los nueve diputados, con excepción de Jiménez, le dieron la vuelta a las intenciones de la presidenta del partido para nombrar a Rafael Micalco Méndez.

Cuando Oswaldo Jiménez supo que tenía que competir contra Micalco para ganar la coordinación, este ya contaba con ocho firmas de su lado, por lo que no tuvo más remedio que asentar la suya y quedarle mal no nada más a ‘Tití’, sino, principalmente, a Eduardo Rivera, quien lo quería en ese sitio para tener de aliado a un grupo parlamentario que se ha negado a respaldar sus intereses en más de una ocasión.

Jiménez perdió la partida, pero Díaz de Rivera perdió mucho más.

La dirigente del blanquiazul ha demostrado no tener la capacidad política que el presidente municipal requiere para hacer del panismo una institución fuerte en torno a sus intereses personales, cuando el proceso de sucesión de gobernador, en el que tiene objetivos muy concretos, ha arrancado ferozmente en este nuevo año.

Enterada del cambio de coordinador a través de los medios, el viernes por la tarde, la líder del Comité Directivo Estatal convocó vía oficio a los nueve diputados locales a sostener una reunión con ella en la sede del partido, el lunes.

El motivo de la plática era definir precisamente las condiciones y los detalles del relevo de coordinador, que ya se había concretado con la renuncia expresa de Alcántara.

Solo dos diputados llegaron al encuentro: Mónica Rodríguez Della Vecchia y Rafael Micalco. Los demás desatendieron el llamado, con el argumento (o pretexto, como prefiera usted) de que el cambio de representante en la coordinación ya se había concretado y por tanto no había más que hablar.

Rivera Pérez fue enterado del desaire, que sirvió para confirmar la percepción que ya tenía acerca del trabajo de la dirigente.

El PAN ha arrancado muy flojo este nuevo año.

Mientras Morena y sus aspirantes a puestos de elección popular llenan la agenda mediática y política del estado, el blanquiazul y los suyos han pasado prácticamente desapercibidos.

Ese es un problema que ya provoca incomodidades en el palacio municipal de Puebla.

Por eso el planteamiento de la interrogante que abre esta columna.

Si Rivera Pérez puso a Díaz de Rivera en la presidencia del PAN, frente a la imposibilidad de colocar a Marcos Castro Martínez, como quería, por qué no pensar que podría invitarla a presentar su renuncia, para después incorporarse al gobierno municipal.

Twitter: @jorgerdzc

Enlace a la fuente

© Copyright 2022 En Puebla