En Punto – El Sol de Puebla

Antes que Sergio Salomón Céspedes Peregrina, Julio Miguel Huerta Gómez y María del Rosario Orozco Caballero fueron candidatos del grupo en el poder para hacerse del gobierno sustituto, en las horas posteriores a la muerte de Miguel Barbosa Huerta.

El primero, como sabe usted, primo de Barbosa, era director general de gobierno en la Secretaría de Gobernación que hoy encabeza, y la segunda, era la esposa, hoy viuda, del mandatario fallecido.

Julio Huerta fue la primera carta del grupo para conservar las riendas de la administración estatal, pero pronto fue desechada, para dar paso a la segunda opción, la de la señora Rosario Orozco.

Con esta segunda alternativa se mantuvieron los colaboradores de Barbosa durante varias y largas horas del miércoles 14 de diciembre, hasta que, todos reunidos en torno a la responsabilidad de decidir por el futuro inmediato, consideraron que la mejor carta era el todavía presidente de la Junta de Gobierno y Coordinación Política del Congreso, Céspedes Peregrina, hoy ya convertido en gobernador.

Sergio Salomón, que venía de un intenso año de trabajo como líder del Poder Legislativo y de los diputados de Morena, que llevaba unos meses subido al tren de la sucesión de gobernador de 2024 por decisión de su entonces jefe, era uno de los hombres de mayor confianza del político nacido en Zinacatepec y se había vuelto uno de sus amigos personales desde su paso como presidente municipal de Tepeaca.

La decisión no resultó difícil, por lo que fue tomada y concretada con rapidez, con el respaldo de prácticamente todos los partidos políticos con lugar en el Congreso.

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¿Era necesaria tanta rapidez para concretar la designación y encumbramiento del gobernador sustituto, como finalmente ocurrió, en los primeros minutos del jueves 15?

Para el grupo de colaboradores y colaboradoras que había acompañado a Miguel Barbosa durante poco más de tres años, sí, porque fuentes confiables para ellos les advertían que algunos de sus más acérrimos rivales hacían maniobras para quedarse con esa preciada posición.

Según esas fuentes, Fernando Manzanilla Prieto, Claudia Rivera Vivanco e Ignacio Mier Velazco movían sus fichas para tratar de imponerse en el proceso de designación, lo que quedó evidenciado en redes sociales a partir de las publicaciones de personajes como Mario Delgado Carrillo y Gerardo Fernández Noroña.

Tanto el dirigente nacional de Morena como el diputado federal del PT condenaron en tiempo real lo que ocurría en Puebla.

Lo que quedaba del barbosismo, que buscaba su sobrevivencia para reagruparse en torno a una nueva figura, no podía permitir que Manzanilla, Rivera o Mier arrebataran el mando en ese inesperado momento de crisis y shock, así que aceleraron el paso para hacer eso que hoy ya es historia.

Al final, ninguno de los tres adversarios del fallecido Barbosa tuvo con qué ganar ese cargo, en el caso de que, como aseguraban en Casa Aguayo, lo hayan intentado.

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Ahora, que los integrantes del barbosismo hayan brincado la crisis no significa que todo y todos vayan a seguir como estaban antes del martes 13.

El gobernador es otro. Aun cuando vaya a guardarle respeto a su antecesor y haya prometido en público continuar con su legado, Sergio Salomón Céspedes impondrá su estilo, sus políticas, sus prioridades y realizará reacomodos en la estructura de colaboradores que le darán una nueva cara a la administración.

Eso significa también que habrá reacomodo de fuerzas y poder, que los que eran influyentes con Barbosa no lo serán de la misma forma con el nuevo gobernador, y que, quienes no figuraban hasta hace poco, serán empoderados esta vez.

Anote los nombres de Javier Aquino Limón, José Chedraui Budib y Jorge Estefan Chidicac como integrantes de este segundo grupo.

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