Talleres de bicicletas, más vivos que nunca – El Sol de Puebla

Ángel Vázquez Anastasio, de 63 años de edad, pedalea todos los días desde San Jerónimo Caleras hasta San José Mayorazgo, lugar donde se ubica su taller de bicicletas. A lo largo de 12 kilómetros, surca los riesgos del camino para llegar a salvo y abrir el local que se convirtió en su fuente de ingresos desde hace 30 años.

En otro punto de la ciudad, en la colonia El Patrimonio, se ubica Andrés Calderón, quien en un giro inesperado de la vida pasó de la carpintería a la reparación de bicicletas. De manera paralela, en la colonia El Carmen, se encuentra Arturo Marín, quien, motivado por su pasión al ciclismo de montaña, decidió emprender y abrir su propio taller.

En el marco del Día Mundial de la Bicicleta, que se conmemora cada 19 de abril, los especialistas en el ramo, nos comparten sus experiencias, entre ellas, el impulso y rentabilidad que la pandemia le dio a sus negocios, pues cada vez más personas decidieron desempolvarlas y llevarlas a su taller de confianza.

TENEMOS UNA GRAN RESPONSABILIDAD EN NUESTRAS MANOS”

En cuanto el señor Ángel Vázquez abre la cortina de su taller, ya lo esperan al menos cuatro bicicletas para darles mantenimiento. Esta, es una buena señal para él, pues es muestra de que hay trabajo y por ende un “dinerito” para llevar a casa.

Dedicarse a esto, aseguró, representa un compromiso con sus clientes. “Es un trabajo que principalmente requiere mucha responsabilidad. Uno no puede entregar un trabajo mal hecho porque implica su seguridad y ellos deben sentirse tranquilos de que su equipo se lo entregamos en buenas condiciones”, compartió con El Sol de Puebla.

Destacó que a raíz de la pandemia, más personas acudieron a los talleres. La falta de transporte público obligó a la ciudadanía a buscar otras alternativas para llegar a sus destinos, y también empezaron a hacer ejercicio para mejorar su salud.

“Yo podría decir que, con la llegada de la pandemia, la bicicleta vino a renacer. Todas las que estaban en la azotea, en terrenos baldíos y abandonadas, las trajeron a reparar. Llegaban muy deterioradas, pero la gente se iba muy contenta de llevarlas en perfectas condiciones”, indicó.

Sus clientes más frecuentes, son los de repartición de productos, como las verdulerías, pollerías, panaderías y carnicerías, que suelen contratar a personal para hacer las entregas a domicilio.

Desde su perspectiva, la creación de ciclovías ha sido otro factor benéfico para tener más trabajo, pues entre más personas usen este medio, se traduce en más clientes para ellos. “Está muy bien que más personas la utilicen, porque eso también es un generador de empleo. Por poner un ejemplo, si en la semana traían 20 bicicletas a reparación; durante la pandemia ya eran 30”, indicó.

Respecto a los costos de servicio, estos varían. Tan solo un parche en la llanta o un ajuste en la maza, oscila entre los 30 a 35 pesos, mientras una intervención de pintura, refacciones y mantenimiento, puede llegar a los 700 pesos o más, dependiendo el nivel de deterioro.

“Yo describo esta actividad como un trabajo muy noble, porque además de bonito, debemos concentrarnos en lo que estamos haciendo para hacer un trabajo de calidad para todos nuestros clientes”, indicó.

GENERADORA DE GRANDES BENEFICIOS: ECONÓMICOS, ECOLÓGICOS Y DE SALUD

Arturo Marín lleva más de 22 años en la venta y reparación integral de este medio de transporte. El motivo que lo orilló a enfocarse en esta actividad, fue el emprender y convertirse en el dueño de su propio negocio, fue así que nació “Bici Pro”.

Esta decisión fue impulsada por su gusto al ciclismo de montaña, deporte en el que además participó en diversas competiciones. Ya adentrado en el plano empresarial, empezó a observar que paulatinamente aumentaba el interés por el uso de este transporte y deporte.

“El incremento de las ventas fue exponencial después de que la gente se sintió hacinada en casa y necesitaban recuperar la libertad. Apenas les fue posible salir, hubo un boom tremendo en la compra de bicicletas, porque en los gimnasios ya no había manera de estar adentro, primero cerraron y después estaban limitados. Fue entonces que estás se convirtieron en un medio de escape muy interesante”, aseguró.

Además de las ventas, los servicios de mantenimiento preventivo e integral fueron muy rentables. Incluso, hubo quienes las desempolvaron para convertir el costal de fierros abandonados en verdaderas joyas deportivas.

“Vinieron a reparar unas muy antiguas, hasta de 80 años de vida. De manera específica, me trajeron de dos a tres Raleigh tipo turismo. Se pintaron, se repararon, se les cambiaron llantas, cámaras, cromos y quedaron de primera.

Interesantemente en unidades muy baratas han triplicado y hasta cuadruplicado sus costos en arreglos por el valor sentimental que les tienen… De lo que uno pagaría por una nueva, les meten 10 mil a 15 mil pesos, cuando costaba 2 mil reales. Es interesante ver la reacción de la gente por renovar lo que tanto quieren, y es que muchas veces ya son como de nuestra familia” , destacó.

“Bici Pro”, además de servicio de taller, ofrece ropa, accesorios y refacciones, se ubica en la zona de El Carmen, motivo por el cual llegan todo tipo de clientes, desde los que se dedican a la repartición, como aquellos que están involucrados en el deporte de manera profesional.

Es por ello que, sin importar el uso que le den, quienes se dedican a la reparación deben dar garantías a sus clientes. Una vez que se cuenta con una bicicleta en óptimas condiciones, los beneficios se empiezan a notar desde las primeras pedaleadas, así lo asegura Marín.

“Los beneficios son muchos: es más económico, es más práctico, es fácil de guardarla, ayuda al medio ambiente, y por supuesto, es más saludable. Evidentemente, a nivel urbano, aún nos falta una mejor infraestructura, pero ahí vamos en camino. Vemos que cada vez más personas se están animando con esta actividad”, destacó.

UNA BONITA HERENCIA QUE SIGUE RODANDO

El señor Carlos Rodríguez, mejor conocido como “Don Charly” estuvo al frente de su taller durante 25 años. En ese tiempo se ganó la confianza y cariño de un sin fin de clientes. Sin embargo, el mortal virus, le arrebató la vida el 21 de enero del 2020, a sus 81 años de edad.


Su negocio, ubicado en la colonia El Patrimonio se detuvo. Sus herramientas quedaron limpias y ordenadas, tal y como a él le gustaba tenerlas. Sus clientes no daban crédito de lo sucedido, y su presencia se extrañó en demasía.

Su perdida dejó una gran tristeza en su familia y seres queridos, pero su legado debía continuar para mantener viva su memoria. Fue así que su yerno, Andrés Calderón, decidió poner en marcha la herencia que le dejó a su nieto, Diego Calderón, de 14 años de edad.

“Este taller tiene un gran valor sentimental. A mi suegro le costó mucho trabajo hacerse de sus herramientas, por eso valoro mucho este espacio. Cuando él falleció, sus clientes lo seguían buscando, y se iban con la noticia de que ya no había quién lo hiciera”, compartió.

En vida, Don Charly -como le decían de cariño- le compartió algunos secretos a su yerno sobre la reparación y mantenimiento, sin imaginar que un día tendría que ponerlos a prueba.

“En realidad fue un gran reto. Yo me dedicaba principalmente a la carpintería. Cuando tomé el taller me di cuenta de la gran responsabilidad, porque nuestros clientes pueden correr algún riesgo si no hacemos un buen trabajo; por ello siempre nos esmeramos en desempeñarnos con calidad, como lo hacía Don Charly”, aseguró.

Pese al dolor causado por la pandemia, las circunstancias motivaron a que más personas usaran este medio de transporte.

“Recuerdo que las traían con telarañas, polvo, con las llantas partidas de que las tenían en el sol y en muy malas condiciones. Las empecé a reparar y afortunadamente se convirtió en algo rentable”, indicó.

Al ser jefe de familia, Andrés debe proveer y generar un ingreso para cubrir las necesidades del hogar, hecho que ha sido posible gracias a este noble trabajo que lo disfruta acompañado de sus dos hijos, su esposa y su suegra.

“La demanda de personas que las utilizan ha incrementado y nos solicitan, ya sea una parchada o un servicio completo, y la verdad resulta benéfico para nosotros y para nuestros clientes.

Además, es algo muy interesante: hay días en que nos llegan unas antiguas con frenos de cangrejo o con cambios, pero también hay otras con balatas y hay que ponerles líquido para frenos; y vemos que la tecnología en ellas también va avanzando, y eso nos obliga a prepararnos y actualizarnos junto con ellas”, indicó.

Así como don Ángel y Arturo, Andrés también coincidió que tomar a estas compañeras de dos ruedas, es una de las mejores experiencias, por lo que invitó a que más niños, jóvenes y personas adultas se den la oportunidad de usarla por salud y diversión.

“En este día Mundial de la Bicicleta es un buen momento para sacar las que tienen abandonadas, llevarlas a reparar y lucirlas como nuevas. Es algo que estoy seguro les va a gustar y les va a traer grandes beneficios”, finalizó.

Enlace a la fuente