Los días previos a la votación para definir a la candidata presidencial del Frente Amplio por México muestran en Puebla un ambiente que refleja bien lo que ocurrirá a nivel nacional entre la panista Xóchitl Gálvez Ruiz y la priista Beatriz Paredes Rangel.
No era necesario que el presidente del Comité Ejecutivo Nacional del PRI, Alejandro Moreno Cárdenas, saliera a casi anticipar la derrota de su compañera de partido para saber que la exgobernadora de Tlaxcala no tiene oportunidad de ganarle a la senadora por Hidalgo, con todo y que se ha lucido en algunos de los foros organizados por los representantes del Frente para mostrarle a los ciudadanos sus cartas.
En el PAN hay mucho ánimo; en el PRI, nada.
Augusta Díaz de Rivera y Jesús Zaldívar Benavides ofrecieron una conferencia de prensa conjunta este martes para hablar del proceso interno que se realizará el próximo domingo y de las expectativas favorables para su candidata.
El panismo, según los dirigentes estatal y municipal de Puebla del blanquiazul, entregarán más de 120 mil votos a la senadora que irrumpió en esta contienda gracias a sus mediáticos enfrentamientos con el presidente Andrés Manuel López Obrador.
Los líderes informaron que el domingo habrá 28 centros de votación en el estado, de los cuales, siete serán ubicados en el municipio de Puebla.
El dato a destacar es que los panistas están contentos y muy optimistas.
En el otro bando, el del PRI, no ocurre eso.
De los dirigentes y liderazgos locales del partido tricolor no hay nada que decir.
Ninguno ha salido a dar una conferencia de prensa para informar cuántos votos recibirá su candidata el domingo.
Ni Néstor Camarillo Medina, ni Jorge Estefan Chidiac, ni Blanca Alcalá Ruiz.
Xóchitl Gálvez parece llegar como precandidata única a la fase final de la contienda interna.
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Los reporteros de la fuente política ya saben: cuando Eduardo Rivera Pérez se rehúse a hablar acerca de sus aspiraciones y del proceso electoral que se avecina, hay que preguntarle a la presidenta del Comité Directivo Estatal del PAN, Augusta Díaz de Rivera. Y así es.
Ante el nuevo periodo de silencio en el que ha entrado el presidente municipal de Puebla, después de que hiciera un par de declaraciones y publicara una foto en redes sociales con Marko Cortés, dirigente nacional del blanquiazul, la lideresa ha despejado algunas de las dudas existentes.
Eduardo Rivera, ha dicho Augusta, no hace públicas sus aspiraciones específicas por así convenir a sus intereses, es decir, mantiene la aparente secrecía como parte de una estrategia que pretende evitar el desgaste de su imagen, en comparación con los perfiles de Morena que han levantado la mano y se han dado de golpes hasta con la cubeta.
Lo que le interesa al edil, por ahora, añade la presidenta panista, es gobernar bien la capital, puesto que ahí habita el 54 por ciento de los electores del estado.
Si Eduardo Rivera hace bien las cosas en la ciudad, se interpreta de lo que expone Augusta, se echará a la bolsa a sus habitantes, lo que le garantiza una parte relevante del pastel electoral.
Suponiendo que la dirigente tiene los números correctos, como simpatizante del alcalde tendrá que plantearse qué hará el precandidato para ganar el apoyo del otro 46 por ciento de los electores.
En silencio no será escuchado y quizá unos cuantos meses de campaña no sean suficientes en el futuro.
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A propósito, después de que el priista Alejandro Moreno reconociera que las encuestas no favorecen a su compañera Beatriz Paredes y dejó entrever que la exgobernadora de Tlaxcala podría declinar a favor de Xóchitl Gálvez, algunos panistas de Puebla comenzaron a correr la voz de que eso es lo que debe suceder en el estado entre priistas y panistas una vez que, en coalición, lleguen a la definición de las principales candidaturas.
Los aspirantes del blanquiazul vieron en la actitud de “Alito” el ejemplo que debe seguir Néstor Camarillo aquí en la entidad, sujetarse a lo que dicten las encuestas y no pedir más de lo que merecen (en términos estrictamente electorales).