Estamos en la víspera de que se conmemore un año más del recuerdo del natalicio de mi tía bisabuela Carmen Serdán. Fue un 11 de noviembre, de hace 149 años, que nació en la capital poblana la primogénita de los hermanos Serdán, hija de Manuel Serdán Guanes y María del Carmen Alatriste.
Y es que ser el primero de una estirpe conlleva una gran responsabilidad, la cual Carmen demostró en cada una de sus acciones a lo largo de sus 75 años de vida. Es por ello que haber tenido la oportunidad de escuchar a mi abuela Isabel remembrar y narrar las pláticas que durante varias horas sostuvo con ella ha sido algo muy valioso, pero también muy categórico.
Está por demás decir que Carmen Serdán fue una mujer valerosa y aguerrida, que luchó por los ideales de libertad y de justicia, sin embargo estas escuetas palabras no resumen lo que en realidad era y, sobre todo, lo que representó en la gesta revolucionaria nacional.
Carmen, desde muy chica, como casi todos los hermanos mayores, fue educada para servir a los demás, entendiendo esto como una cualidad de estar pendientes de las necesidades ajenas. Es así que para ella no pasaba inadvertida la situación que atravesaban miles de mexicanos en aquellos tiempos de aparente progreso nacional, ya que mientras se visualizaba la construcción de vías férreas y diversas obras de infraestructura, se acentuaba más y más la desigualdad social.
Mi tía bisabuela, siempre tuvo claro que la precariedad e ignorancia que prevalecía en la época, no le daba alas a los desamparados, por el contrario, les arrebata cualquier ilusión. Percibía la carencia de la gente sin imaginar que ella y sus seres queridos un día, estarían dispersos y faltos de libertad.
Nunca fue para ella una opción hacerse de la “vista gorda”, por ello desde el primer momento que Aquiles Serdán le compartió sobre los ideales maderistas, estos cimbraron lo más profundo de su corazón y la llevaron a comprometerse en cuerpo y alma con la causa.
No le importó tampoco arriesgar su vida y su libertad para transportar las armas que servirían para afrontar la batalla y hacer frente a la resistencia civil. Sabía que el objetivo a alcanzar lo valía todo y estaba dispuesta, también, a darlo todo.
El 18 de noviembre que sucedió la afrenta en la casa marcada con el número 4 de la Antigua Calle de la Portería de Santa Clara y bajo la cual se da inicio al movimiento revolucionario, parecería que todo había acabado con la muerte de Aquiles, Máximo y muchos otros héroes anónimos, sin embargo pasó todo lo contrario.
A partir de ese día la vida de Carmen Serdán estaría al servicio de su familia, de sus sobrinos y de los descendientes de ellos, a quienes cobijo y protegió sin reserva.
Es por ello que sin duda se podría decir que Carmen fue la columna vertebral que sostuvo a la familia Serdán y a su legado. Una mujer ambivalente, ya que por un lado estaba comprometida con su época, pero sin duda también estaba adelantada a su época, ya que no puede haber mejor insignia del papel que tienen y deben tener las mujeres en la vida pública que ella misma.
Y es que las mujeres fueron pilares de la revolución y son, hoy, la fortaleza de los hogares; no porque sea su destino, sino porque con astucia y aplomo sacan adelante a los seres que más aman. Son mexicanas que han demostrado que solas, con una red de apoyo o con casi nada, rompen esquemas. Aunque valeroso, desafortunadamente las coloca en una posición de desigualdad y vulnerabilidad en distintos ámbitos, y eso es tan solo una de las múltiples necesidades por las que se alza la voz.
Por eso es tan relevante asumir que solo desde la participación y atención en el cumplimiento de los derechos, habrá posibilidades de modificar el presente y el destino de las próximas generaciones. Esa precisamente fue la herencia de Carmen Serdán, el saber que sí se puede hacer un cambio y que para alcanzarlo es necesaria la participación igualitaria de hombres y mujeres.
Es por ello que en esta conmemoración de un año más del natalicio de Carmen Serdán, mi propuesta es también celebrar el papel de las mujeres en la consolidación de lo que es y significa Ser Hecho en México.